¿Cómo manejas la presión?
¿Cómo manejas la presión?
La pregunta parece sencilla… hasta que realmente te toca caminar dentro de la trinchera.
¿Qué haces cuando las tareas críticas no se cumplen?
Cuando el appliance de ciberseguridad no levanta y el proveedor tampoco tiene una respuesta inmediata.
Cuando la arquitectura propuesta no corresponde con la realidad encontrada en campo y el cableado ya está instalado.
Cuando un despliegue falla a pocas horas de una salida a producción.
Cuando el pipeline aparentemente está correcto, revisaste conexiones, accesos, troubleshooting, logs… y aun así nada funciona.
Cuando por cansancio humano alguien elimina un entorno UAT.
Cuando el equipo está exhausto.
Cuando el cliente presiona.
Cuando el timeline empieza a romperse.
Cuando el margen financiero se afecta.
Cuando no fue negligencia ni falta de monitoreo, sino simplemente un evento inesperado que tu estrategia no vio venir.
En esos momentos, cualquier Project Manager experimentado sabe lo que viene después:
Reuniones de emergencia.
Renegociación de alcance.
Fast tracking.
Crashing.
Liberaciones parciales para proteger continuidad operativa.
Reprogramación del workplan.
Automatización de tareas.
Escalamiento con fabricantes.
Contención ejecutiva.
Priorización de componentes críticos.
Todo eso está bien.
Todo eso forma parte del trabajo.
Pero hay una pregunta de la que se habla poco:
¿Cómo quedas tú?
Porque detrás de cada comité, cada incidente crítico y cada decisión bajo presión, hay una persona sosteniendo el accountability.
Y la inteligencia artificial podrá acelerar análisis, automatizar tareas y apoyar operaciones, pero incluso en los entornos más modernos seguirá existiendo alguien cargando la responsabilidad final cuando las cosas no salen como se esperaba.
¿Cómo mantienes serenidad cuando el problema todavía no tiene una solución clara?
¿Cómo sigues tomando decisiones cuando el cansancio empieza a nublar la mente?
¿Cómo sostienes estructura en medio del caos?
En mi caso, ese soporte viene de mi fe.
Hay una parte del Salmo 91 que siempre me hace reflexionar:
“Sobre el león y el áspid pisarás…”
Durante mucho tiempo pensé que ese versículo hablaba únicamente de peligros externos.
Hoy creo que también habla de esos momentos complejos que enfrentamos en silencio:
la presión,
la incertidumbre,
los entornos hostiles,
las situaciones que parecen acorralarnos profesionalmente.
Porque a veces el león no está afuera.
A veces el león es el miedo a fallar.
Y el áspid puede ser la incertidumbre silenciosa que acompaña las decisiones difíciles.
Puede que para otros la fortaleza venga desde otro lugar.
Y está bien.
Pero sí creo que en esta nueva era tecnológica estamos hablando mucho de herramientas, automatización e inteligencia artificial… y muy poco de resiliencia emocional, serenidad y fortaleza interior.
Porque al final, más allá de la tecnología, siempre habrá un ser humano tomando decisiones bajo presión.
Y quizás esa sea una de las capacidades más importantes para sobrevivir en entornos complejos sin perder claridad, humanidad ni dirección.

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